Más allá de la temperatura del aire: comprender el estrés térmico

Publicado en por Oleksandra (meteoblue)

Una previsión meteorológica puede indicar 35 °C, pero esa cifra por sí sola rara vez refleja el calor que realmente se percibirá. La humedad, la radiación solar, el viento y el entorno influyen en la forma en que el cuerpo humano responde al calor. Durante una ola de calor, estos factores pueden generar diferencias significativas en el confort térmico, incluso entre localidades cercanas.


En esta segunda parte de la serie analizamos por qué el estrés térmico es mucho más complejo que la simple temperatura del aire, cómo el calor extremo afecta a las personas, las infraestructuras y las empresas, y cómo la información meteorológica y climática de alta resolución ayuda a identificar las zonas donde es más probable que se produzcan los mayores impactos.

El calor es más que la temperatura del aire

La temperatura del aire es la variable meteorológica a la que la mayoría de las personas presta más atención durante una ola de calor. Sin embargo, solo representa una parte del panorama general.

Las estaciones meteorológicas miden la temperatura del aire mediante sensores protegidos de la radiación solar directa para evitar que las mediciones se vean afectadas por la incidencia del sol. Sin embargo, las personas experimentan estas condiciones de una forma muy diferente. Caminar por una plaza abierta, sentarse en una terraza de hormigón o trabajar al aire libre implica estar expuesto no solo al aire circundante, sino también a la radiación solar, al calor irradiado por las superficies cercanas, a la humedad y al viento.

La combinación de todos estos factores determina lo que los meteorólogos denominan estrés térmico.

La radiación solar suele ser el factor que más influye. Permanecer bajo el sol directo en un día despejado de verano puede someter al organismo a una carga térmica mucho mayor que permanecer a la sombra, aunque la temperatura del aire medida sea exactamente la misma. Además, superficies como el asfalto, el hormigón o las fachadas de los edificios absorben grandes cantidades de energía solar durante el día y liberan parte de ese calor al entorno.

La humedad desempeña un papel igualmente importante. El cuerpo humano regula su temperatura principalmente mediante la evaporación del sudor. Cuando el aire es seco, el sudor se evapora con facilidad y elimina calor de la piel. A medida que aumenta la humedad, este proceso se vuelve menos eficaz porque el aire ya contiene una mayor cantidad de vapor de agua. Como consecuencia, el sistema natural de refrigeración del organismo funciona con menor eficacia y una misma temperatura del aire se percibe como mucho más elevada.

El viento constituye otro importante mecanismo de enfriamiento. Incluso una ligera brisa reemplaza el aire cálido y húmedo que rodea la piel, favoreciendo la evaporación del sudor. En los días sin viento, este efecto prácticamente desaparece, lo que incrementa el estrés térmico incluso cuando la temperatura del aire es la misma.

Por este motivo, dos días con la misma temperatura máxima pueden dar lugar a niveles muy diferentes de estrés térmico.

Cómo medir la sensación de calor

Para describir mejor estas condiciones, los meteorólogos recurren cada vez más a los índices de confort térmico, en lugar de basarse únicamente en la temperatura del aire.

Uno de los más utilizados es la Temperatura Fisiológicamente Equivalente (PET). A diferencia de las mediciones convencionales de temperatura, la PET combina la temperatura del aire, la humedad, la velocidad del viento y la radiación en un único valor que describe cómo el cuerpo humano percibe las condiciones del entorno.

La PET se ha convertido en una herramienta fundamental en biometeorología, salud pública y climatología urbana, ya que ofrece una representación mucho más realista de las condiciones térmicas al aire libre. Durante una ola de calor, suele poner de manifiesto las zonas en las que las personas están expuestas a un estrés térmico considerablemente mayor del que cabría esperar si solo se tuviera en cuenta la temperatura del aire.

Los Mapas Urbanos PET ofrecen una visión detallada de las condiciones térmicas. No solo muestran dónde se prevén las temperaturas más elevadas, sino también las zonas en las que las condiciones atmosféricas podrían ejercer la mayor carga fisiológica sobre las personas.

¿Quiénes son los más vulnerables?

El calor extremo afecta a todas las personas, aunque no por igual. Las personas mayores, los niños pequeños y quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales suelen ser más vulnerables, ya que su capacidad para regular la temperatura corporal suele estar reducida. También los trabajadores al aire libre, el personal de emergencias y los deportistas pueden estar más expuestos debido a la actividad física prolongada bajo la radiación solar directa.

Otro factor determinante es la duración de la ola de calor. Aunque una sola tarde calurosa puede resultar incómoda, varios días consecutivos de temperaturas elevadas, acompañados de noches cálidas, someten al organismo a un estrés mucho mayor. Sin un enfriamiento nocturno suficiente, la recuperación resulta cada vez más difícil.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) llevan años advirtiendo de que los riesgos para la salud relacionados con el calor aumentan de forma significativa durante las olas de calor prolongadas, especialmente cuando las temperaturas nocturnas permanecen inusualmente elevadas.

El creciente coste económico del calor extremo

El calor extremo ejerce una presión cada vez mayor sobre numerosos sectores de la economía. En la agricultura, los períodos prolongados de altas temperaturas incrementan las necesidades de agua de los cultivos, mientras que la humedad del suelo disminuye rápidamente. Esto intensifica el estrés por sequía y reduce el rendimiento de las cosechas en muchas regiones. El ganado también se ve afectado, ya que el estrés térmico reduce tanto la productividad como el bienestar animal. Un reciente informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) describe el calor extremo como un desafío cada vez mayor para la agricultura, la silvicultura y la pesca.

A medida que aumentan las temperaturas, también crece de forma significativa la demanda de electricidad, ya que los sistemas de refrigeración permanecen en funcionamiento durante más tiempo. Al mismo tiempo, la generación de energía se vuelve menos eficiente. Durante la ola de calor que afectó a Europa en junio de 2026, las temperaturas excepcionalmente elevadas del agua de los ríos obligaron a Francia a reducir temporalmente la producción de varias centrales nucleares. En Suiza, la producción de la central nuclear de Beznau también tuvo que reducirse después de que la temperatura del agua de refrigeración superara los límites operativos.

Las altas temperaturas también someten a las infraestructuras de transporte a una importante presión. Las vías férreas se dilatan durante los períodos prolongados de calor, lo que aumenta la probabilidad de que sea necesario imponer limitaciones de velocidad. Asimismo, las carreteras, los puentes y las operaciones aeroportuarias pueden verse afectados cuando las temperaturas de la superficie alcanzan valores excepcionalmente elevados.

En última instancia, estos efectos se traducen en pérdidas económicas. Según la evaluación más reciente del Lancet Countdown, cada año se pierden en todo el mundo cientos de miles de millones de horas potenciales de trabajo porque las condiciones climáticas son demasiado calurosas para trabajar de forma segura y productiva. Entre los sectores más afectados se encuentran la construcción, la agricultura y la industria manufacturera, aunque muchos sectores de servicios también registran una disminución de la productividad durante los episodios prolongados de calor.

¿Qué determina las diferencias locales en el estrés térmico?

Incluso dentro de una misma ciudad, las condiciones térmicas pueden variar considerablemente en función de la vegetación, la densidad de la edificación, los materiales de las superficies y la ventilación. Un parque con abundante sombra puede mantenerse sensiblemente más fresco que una plaza cercana dominada por el hormigón y el asfalto, mientras que los barrios densamente urbanizados suelen enfriarse mucho más lentamente tras la puesta del sol que las zonas rurales circundantes.

Para comprender estas diferencias locales se necesita un nivel de detalle espacial mucho mayor del que pueden ofrecer las previsiones meteorológicas convencionales.

Ese es precisamente el objetivo de las soluciones para el Clima Urbano de meteoblue. Desarrolladas específicamente para entornos urbanos, proporcionan información meteorológica y climática de alta resolución que ayuda a las ciudades a comprender mejor los riesgos climáticos locales y a planificar medidas eficaces de adaptación.

Uno de sus componentes principales son los Mapas Urbanos, que muestran, a escala de barrio, la temperatura del aire, el viento, el confort térmico (PET) y el riesgo de inundaciones pluviales. Los Mapas Urbanos integran modelos meteorológicos de alta resolución con observaciones por satélite, información sobre la cobertura del suelo y mediciones locales, ofreciendo una visión detallada de las zonas donde es probable que el estrés térmico sea mayor y donde las medidas de adaptación pueden aportar los mayores beneficios.

Perspectivas

Las olas de calor se están convirtiendo en una característica cada vez más importante del clima europeo. Para comprender plenamente sus efectos, la temperatura del aire por sí sola no es suficiente. La circulación atmosférica determina dónde se desarrolla el calor, mientras que la humedad, el viento, la radiación solar y el entorno local condicionan cómo se percibe a nivel del suelo. En conjunto, estos factores explican por qué la exposición al calor puede variar tanto entre regiones, ciudades e incluso entre calles vecinas.

Con este artículo concluye nuestra serie de dos partes dedicada a las olas de calor en Europa. Si desea debatir sobre las olas de calor, las previsiones meteorológicas o cualquiera de los temas tratados en estos artículos, le invitamos a participar en el meteoblue Community Forum, donde nuestros expertos y los miembros de la comunidad continúan el intercambio de conocimientos.

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